Buenos Aires, 28 de junio de 2013
[habrá quien recién llegue por vez primera, habrá quien estaba esperando esta última parte del capítulo 15 de este diario de aventuras por Buenos Aires. Hoy tocamos el tema institucional. Prepárense. Vienen curvas]

Tampoco se trata de que obtengas tu turno, y ya. Lo suyo es que lleves toda la documentación necesaria, véase: los títulos de bachillerato y educación secundaria del rey de España, con sus respectivos sellos y la apostilla de La Haya. Dudo mucho de que ustedes sepan dónde tienen todos esos papeles…. Yo soy ordenado pero aún así supone un problema conseguir eso, pero claro, eso no es nada. La batalla viene luego. Busca, consigue, y presenta, debidamente sellados, y apostillados en el Ministerio de Educación correspondiente (aunque para ello debas viajar como en el caso de las personas residentes en Vigo, que deben ir a Coruña o a Santiago de Compostela según el trámite que sea) todas las notas de todos los cursos tanto de bachillerato como de la ESO y si por algún motivo, te tocó cambio de plan de estudios, como a buena parte de la gente que ha nacido en las cuatro últimas décadas en mi país, entonces, tráete también las notas de la EGB, que las vas a necesitar. Eso conlleva que tengas que ir a los pertinentes centros educativos en tu país ¿Dije “que tengas”? Perdón, que tengan que ir, si, otras personas, es decir, que mandes al recadero/a de turno a que te haga todas las gestiones de un lado para otro. Un verdadero infierno.
Luego llega la hora de la verdad delante de la funcionaria. Por ahora van dos careos. Pierdo 0-2. No he conseguido nada, bueno, sí, que se enroque en su postura de “que no te escucho cucurucho” tan típica de personas que recién han abandonado el habito de caminar a cuatro patas, para decirte algo tan sofisticado como: “yo no inventé la norma”. Cuando le haces ver que tus notas de religión de 1992 no deberían tener la menor relevancia, cuando has presentado un título oficial con todos los honores sellado incluso por el monarca de la patria, y ella insiste en que por favor, no trates de ridiculez lo que te está pidiendo, entonces piensas que realmente no tiene sentido seguir hablando con una persona que vive en la más absoluta tiniebla del conocimiento, y no, tú nunca has sido un iluminado y nadie te ha pedido que enciendas la luz, así que, dejémosla que siga pisando rayas blancas atemorizada de que los negros huecos que las separan son abismos infernales que separan las dos orillas de un paso de cebra. Así que atravesé la puerta de salida rumbo al espacio exterior, volviendo al planeta tierra luego de atravesar el espacio tiempo y haber retrocedido a principios del siglo XX, salvo por un detalle. El funcionario de la puerta ni se inmutó cuando salí porque estaba muy distraído viendo las fotos de una jovencita que podría ser su hija, enseñando todo lo que tenía moreno por el sol, en su perfil de facebook. Antes había impedido el paso a una pareja; él podía pasar a hacer las gestiones, y su compañera no, tenía que esperar fuera del edificio. El compañero del funcionario se sorprendió de este hecho y le hizo un gesto de complicidad a su colega, que le demostró que él mandaba. La chica se quedó en la calle con cara de pocos amigos y el funcionario sintió que su puesto de responsabilidad era todo lo que podía desear. Así sí. Ya que no haces nada, ya que no aportas nada, por lo menos que puedas molestar a los demás a gusto y te puedas sentir por un momento el puto amo.
Venga, que no se diga que protesto o me quejo que aquí está mal visto. Yo soy poco de quejarme en mi país, prefiero ejercer labor constructiva que destructiva, a pesar de que en nuestro país sea tan recurrido el quejío, pero aquí no, aquí está mal visto, y mucho peor que lo haga uno de fuera. Siempre pueden apelar al tan manido “andate a la concha de tu madre”. Espero de veras que en lo que resta del año, tarde o temprano, consiga formalizar ese asunto para así poder recibir mi título, sino va a ser una situación muy lamentable.

Recibir un mensaje, por pequeño que sea, de mis amistades de siempre felicitándome el cumpleaños tiene un efecto enorme en mí, me contenta mucho y me emociona. Lo cierto es que vienen cargados de morriña y sentimentalismo, pero es bonito, muy bonito. Si además, una persona que apenas conoces te envía como regalo un libro desde el otro lado del océano, pues te sientes muy afortunado. Luego vino la familia de mi chica y me trató como uno más, y ella me llenó de dulces y de afecto, y por supuesto, me dejé querer. Llevo esa sensación tan mía de soledad, de inconformismo y de muñeco inacabado lo mejor que puedo. Eduardo Manostijeras, Pinocho, el Hombre de Hojalata, y tantos otros superhéroes de cómic por ejemplo… a todos les faltaba algo, todos tenían sus puntos débiles. Siempre me fascinó eso. Me recuerda que todos tenemos nuestras carencias, nuestras fallas, y que tenemos que no vivir obsesionados por lo que falta y sí satisfechos por aquello de lo que sí disponemos. Me gusta el ejemplo de los personajes famosos de la infancia, porque me parece muy visual, es más, hice una canción sobre ello aquí en Argentina llamada “Polis y Cacos”.
¿De qué serán las próximas canciones? ¿Cuándo podré volver a tocar? ¿Qué sucederá en lo que resta de año? ¿Dónde estaré el año que viene? ¿Qué haré?
Se pone interesante.
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