6.- Mirá vos… (parte I de II)
Buenos Aires, 28 de diciembre de 2012
¡Qué difícil resulta a veces encontrar el momento adecuado y oportuno para ponerse a escribir! Más cuando se trata de tu diario, de relatar lo que vas viviendo y sintiendo. Si estoy muy ocupado no escribo porque estoy muy ocupado, y si no lo estoy, muchas veces no escribo porque eso significa que no he hecho nada interesante que merezca ser compartido, así que me cuesta horrores encontrar el momento preciso, y claro, luego acumulo demasiada tralla toda junta.

Llenamos el pequeño teatro vendiendo algo más de sesenta entradas, cantamos durante dos horas, y pasamos una gran noche en la que comulgamos mucho con el público que participó en todo momento. Luego pude ver algunas fotos que colgué en este blog, algún video, intercambiar impresiones,… me sentí contento de que todo saliese bien, de que ganásemos algo de dinero (aunque no fuera mucho), y de que en definitiva hiciésemos un gran trabajo. Los años de escenario te van cambiando, acaban por lograr que ese momento, esas dos horas, te sientas absolutamente tú, y esa sensación por esperada que pueda parecerme no deja de emocionarme. Que dure.
Este concierto marcó un poco el devenir de los acontecimientos. Llenar una sala, quedar bien con los dueños, sacar algo de dinero, vender algunos discos, que el público quedase tan contento, y que mis compañeros se sintiesen a gusto determinó que este mes hayamos estado muy unidos y crear un ambiente de banda en activo que yo siempre persigo.



Ahora que está todo en silencio, que apenas hay nadie por los pasillos, aunque me siento en paz, tranquilo y a gusto, siento también lo rápido que han pasado estos cuatro meses. He hecho muchas cosas, conocido mucha gente, y he disfrutado mucho, pero el ritmo como de costumbre en mi vida ha sido vertiginoso; muchas caras, muchos nombres, muchos sitios, muchas situaciones diferentes que imagino que iré asimilando con el tiempo, y con la calma de este verano que me espera.
Gente del hostel
Del hostel me quedo con algunos nombres propios que merece la pena destacar a estas alturas;
Nieves y Mayan. Siempre están juntos. Ella española (creo que la he mencionado más de una vez) y él del sur de argentina. Buenísima persona. Inteligente, preocupado por el mundo que le rodea, y con nobles intereses. De las personas que más admiro en este lugar. Tengo buena relación con ellos, aunque es verdad que no hemos hecho vida fuera de la residencia. Me alegra que estén aquí.
Kari Tokman y Lorena Ospino. Ambas trabajan en la recepción. Son chicas que no llegan ni a los veinte años. No sé si he hablado de ellas hasta ahora. La primera ha dejado el hostel así que como no quedemos, dudo que la vuelva a ver. Me llevo bien con ellas, son simpáticas, agradables, y además Kari fue la responsable de que yo viniese aquí porque era quien me escribía cuando estaba en España. Hablo de vez en cuando con ellas, pero me sucede lo mismo que con Nieves y Mayan, no hemos quedado fuera de aquí. Sé que es culpa de ambos y que tiene fácil solución, pero creo que no se ha dado. Todo lleva su tiempo, y ese es uno de mis hándicaps, que no suelo tenerlo, o que estoy poco en el mismo sitio.
El dueño; Andy. De Andy sé poco, pero siempre me ha caído bien. Tiene más o menos mi edad, y sé que es una persona solidaria y preocupada por el medio ambiente. Un tipo con muchos valores que se lo ha currado mucho, y que fácilmente podría estar en mi pandilla. Sucede que llevamos vidas muy diferentes, venimos de sitios muy diferentes, y haría falta mucho tiempo compartido para que eso sucediese, pero que sea el dueño de este hostel me hace sentirme mejor aquí.
Ale Müller. Sin duda con el que mejor relación tengo. En muchas cosas me reconozco en sus actitudes. Trabaja por las noches en el hostel, luego en una vinoteca, y duerme a cualquier hora, come cualquier cosa, vive lejos de su ciudad natal, y estuvo en Alemania bastante tiempo porque se enamoró de una y se largó con ella. La cosa terminó y se volvió. Es un tipo inteligente, domina varios idiomas, y con él sí que he ido una noche por ahí, y lo cierto es que es un buen compañero de fatigas. Hablamos bastante y ahora que estoy de vacaciones a veces me quedo comentando la jugada con él en la noche.
[mañana continúa...]
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