Buenos Aires, 28 de septiembre de 2012
[este artículo es continuación del anterior, y forma parte de un capítulo de mi diario en Buenos Aires, que decidí dividir en seis partes ya que era muy largo para publicarlo todo junto. puedes leer el resto accediendo en la columna de la derecha al esquema cronológico]
¿Qué hago aquí? No, a ver, me explico, no es una pregunta existencialista. Hablo en alto. Me formulo la pregunta que muchos os haréis ¿Qué haces ahí? Pues principalmente estudio música. Sigo en la Escuela de Música de Buenos Aires, y cada día me engancha más. Creo que lo he repetido en múltiples ocasiones, pero lo vuelvo a decir; la escuela está realmente bien. La gente que acude a ella tiene talento –hay de todo claro- pero sea cual sea su nivel inicial, el que se gradúa en esta universidad sale preparado para hacer música en cualquier lugar de forma profesional. Los profesores llevan años y años y años puliendo el sistema de estudios, preocupándose por sacar lo mejor de cada persona que pisa sus aulas, y se nota el cariño que le ponen a lo que hacen. Los medios son de primer nivel y sinceramente, creo que es la típica escuela en la que cualquiera ha soñado estar. He visto pocos sitios en mi vida donde los propios alumnos quieran tener más horas de clase y que todo vaya con más calma, y es que el nivel es alto, lo que ocurre siempre con las enseñanzas artísticas es que es todo cuestión de practicar, y eso es algo que un profesor no puede hacer por ti. Yo vivo allí encerrado. Al principio llegaba a las nueve o las diez y me largaba tres o cuatro horas después. En segundo subí el número de horas que le dedicaba y no me iba antes de las tres o las cuatro de la tarde. Y ahora que he empezado tercero, irme a esa hora me resulta raro, como si fuese demasiado poco, porque son muchas las cosas que uno tiene que estudiar y cambian día a día, así que no hay momento de relajación con la carrera, lo que me obliga a quedarme allí hasta las cinco o las seis de la tarde. Allí tengo todos los programas musicales que pueda necesitar en los ordenadores de cada aula, aulas individuales en las que me concentro mejor, y equipo e instrumentos para hacer sonar las cosas. Y lo más importante; no tengo nada más. Ninguna distracción más. Allí tengo amistades y tengo a Natalia. Hay un kiosco a dos manzanas en donde me como un “panchito” para matar el gusanillo cuando se me antoja, y siempre me llevo un buen puñado de chocolatinas. En eso, sigo siendo como un niño. Ya veis que no pido mucho.


Ensamble es la asignatura preferida por la mayor parte de las personas que esperan que llegue el momento de poder hacer canciones y disfrutar cantándolas y tocándolas. Yo tuve suerte de que me seleccionasen para esa asignatura, porque no escogen a todos, sino a los que mejores notas hayan obtenido en segundo, y yo tengo aún, un examen final pendiente de audioperceptiva (único examen que suspendí y que en su día me dejó bastante tocado). Aún así me seleccionaron y lo agradecí mucho, aunque luego me llevé una decepción importante. Mis compañeros –más pequeños que yo- fueron cada uno por su lado, y la elección de temas fue –en mi opinión- terrible. Mal pensada, mal organizada, incoherente,… Yo me sentí desde el primer momento muy incomunicado y fuera de onda, a pesar de que uno de mis mejores amigos aquí, -Cristian Torres- (que hace voces en “los niños perdidos”, está en el mismo grupo que yo. Aún así y con todo, ni siquiera Cristian y yo remamos en la misma dirección así que me quedé fuera de juego por completo. Tanto es así que de todas las votaciones que se hicieron de temas, mis propuestas no recibieron ni un solo voto, llegué a encontrarme con un 5 a 1 en contra, llegué a ver cómo el profesor eliminaba buena parte de mis propuestas, y la última fue que ni siquiera pude llegar a votar porque ya una mayoría se había puesto de acuerdo. Estas cosas me hacen pensar que yo en Gran Hermano no tendría mucho futuro, pese a lo que algunos penséis.
Pasó por mi cabeza dejar la asignatura para más adelante pero no quiero tentar a la suerte de que me suceda lo mismo, y me encuentre con una situación semejante, así que prefiero hacer el ridículo cuanto antes. De todos modos, tengo bastantes opciones de no poder superar la prueba y que sea todo un descalabro. En cuanto a género musical estoy en las antípodas de lo que se toca, en cuanto a las canciones las detesto y cuanto más las tocamos más desagradables me resultan, y en cuanto a lo que aprendo, me da la impresión de que la asignatura me hace peor de lo que ya soy, me devuelve al punto cero, anula por completo mi capacidad como instrumentista. Los propios compañeros me dijeron que estaba desconocido en ese grupo, que ellos que me conocen, se sorprenden cómo puede oscurecerme tanto la situación, y por eso, aprovechando que habían creado un grupo de facebook, aproveché para escribir una carta comentándoles con total sinceridad qué opinaba. Contestaron dos (Cristian no), y dijeron que me entendían y que les parecía interesante algunas de las cosas que había comentado. Pensé que las cosas cambiarían, pero nada de eso. Ahora para probar hasta dónde llega mi tolerancia, el profesor busca que yo tenga un protagonismo que no quiero, tratando de que trabaje de forma intensa sobre un tema, y haciendo algo para lo que no estoy preparado, no he hecho nunca, y ocupando en ello el tiempo del que no dispongo, o robándoselo a otras asignaturas, sin darse cuenta, o mejor dicho, sin querer tener en cuenta, que; ni me gusta, ni me interesa, ni me satisface, ni tiene nada que ver conmigo, ni tan siquiera me importa lo más mínimo. No me duele verme incapaz de hacerlo, me duele saber que no quiero ni empezar a intentarlo, porque voy a emplear un tiempo y un esfuerzo exquisito en algo que no me interesa y de lo que no voy a sacar nada productivo para mí. Habrá quien me diga que de todo se aprende, y sí, claro, pero uno estudiará botánica cuando le apetezca o le interese. Aquí empezaría el arduo debate sobre si tenemos que hacer lo que queremos y lo que nos llena, o hay que hacer cosas que no nos gustan porque “así es la vida”. Yo creo que la vida es una, es tuya, y que sin dejar de ser abiertos de mente y dispuestos a explorar lo desconocido, uno fundamentalmente tiene que hacer con su vida lo que le apetezca, porque cuando te des cuenta, se acaba. Así que dejémoslo en que estoy teniendo una paciencia de caballo, y creo que un comportamiento bastante educado. Otra cosa es que encima me insistan en que me alegre o en que me sienta bien, lo que me demuestra que no me escuchan y que no me respetan.
Es una lástima pero me cuesta encontrar cosas que me motiven y me gusten. Siempre me ha pasado; con la música, en el fútbol, con las actividades extraescolares cuando era más pequeño, con la comida, con la ropa, y con las chicas. Cuando algo me emociona soy el más sensible, pero habitualmente hay pocas cosas que consigan hacer mover la máquina, y por desgracia, en la mayor parte de los casos, los demás las consideran nimias o cuanto menos raras. Sé que me aprecian porque no hago daño a nadie, no voy de sobrado, ni soy pretencioso, ni humillo a los demás, ni les juzgo, creo que trato de ser dialogante y respetuoso, pero es cierto que soy muy mío, y que a veces me falta más diplomacia. Cuando he querido a alguien, la he querido de verdad, he hecho todo lo posible por demostrárselo, y he tratado de dar lo mejor de mí mismo. He sido fiel a mis ideas a pesar de que no obtuviese los resultados deseados. Si eres mi amigo, sabes que puedes confiar en mí. Si eres mi pareja sabes que no te voy a dejar tirada, ni sola, y que no te voy a despreciar. Por desgracia, tengo la sensación de que los buenos nunca ganan.
[dentro de unos días, la continuación...]
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