Buenos Aires, del 25 de julio de 2013 al 22 de junio de 2014
Sin darte cuenta llevas 2 años viviendo en Buenos Aires, o lo que es lo mismo, dos años lejos de mi querida ciudad de Vigo.
¿Dos años pasan volando? Y si, o no, depende. Lo cierto es que venía por un año, van dos, y me tiene pinta de más, aunque nunca se sabe. Reconozco que me pienso bastante las cosas, que le doy muchas vueltas, que estudio los asuntos desde diversos enfoques, pero también que soy pasional e instintivo, así que no paro quieto. No sé por cuánto tiempo estaré aquí, con eso respondo a la gran pregunta que uno siempre se hace, y que el resto, amigos y familia preguntan sin cesar. ¿Cuándo vuelves? A saber… Por ahora tengo claro que lo que estoy haciendo me servirá en un futuro, me ayuda a progresar profesional y personalmente, y que lo estoy disfrutando. En estos dos años he conocido de sobra Buenos Aires. Es una ciudad muy viva y no deja de sorprenderte, pero en líneas generales puedo decir que la domino bien. Conducir sus maltrechas calles me ha servido para ampliar conocimientos, ¡Ni qué decir tiene!
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Fabri y Fer cumplieron su palabra y visitaron en Vigo a mi madre. Aquí están la mar de panchas en El Pazo de Los Escudos, casi como si fuese suyo... |
La verdad es que según tenga el día enfoco esto de los dos años de un modo o de otro. Llego muchas veces a la conclusión de que lo mejor es no darle más vueltas. Todo ha sido resultado de un montón de circunstancias y decisiones propias, que han propiciado que hoy por hoy siga aquí, y siga creyendo que es el lugar en el que quiero estar ahora mismo. No niego mis ganas de volver a casa, de recorrer Galicia, de visitar muchos rincones de diferentes ciudades españolas en las que tengo montones de amigos, y también, y esto espero que se dé tarde o temprano, de salir a girar con la guitarra y los niños perdidos por el viejo continente, y visitar europa, que por cercana siempre la dejo para el postre y la he ido relegando en mis planes a últimos renglones.
No es momento de sentarse a analizar lo sucedido en este tiempo. Estoy en otro momento vital. Estar lesionado me ha mantenido un tanto aletargado últimamente, así que espero recuperarme lo antes posible y ponerme de nuevo en marcha, activarme, volver a los escenarios, y seguir escudriñando los recovecos musicales porteños, que no son pocos.
Acabo de iniciar el nivel superior de la carrera de música en la EMBA (Escuela de Música de Buenos Aires) ¡Sí, lo sé, no se mataron con el nombre! Y la verdad es que estoy muy motivado con el hecho de seguir aprendiendo y mejorando, creo que es una gran oportunidad para mí, y que en el momento actual quizás es uno de los mejores planes posibles; estudiar. Así que en esas andamos. Sin volverme tarumba con las once-doce materias que curso, espero dar un gran paso de aquí a finales de año en lo que a estudios se refiere. Plantearme ahora si terminaré toda la carrera de guitarrista profesional son palabras mayores, pero si no me agobio con la meta, puede que sin darme cuenta, en breve, la tenga al alcance de la vista. Todo se andará.
Cumplir dos años en Buenos Aires es también cumplir dos años viviendo en el Magandhi Hostel. ¡Quién me lo iba a decir! Quienes hayan leído este diario desde el principio sabrán que no las tenía todas conmigo, aunque para ser justos con la verdad, ciertamente nunca estuve cerca de marcharme, en general porque nunca se presentó una opción clara de irme a otro lado, así que llegado a un punto me dejé estar. Busqué otras alternativas –que las hay- pero el no querer pagar más, el no querer cambiar de barrio, el querer disponer de un cuarto para mí solo, el hecho de no contar con amistades en el país con quienes compartir vivienda, no tener dinero sobrante para depósitos, avales, garantías, y demás historias y el no dedicarle demasiado tiempo a la búsqueda, hizo que este 16 de agosto cumpliese 2 años viviendo en la habitación número 12 del Magandhi Hostel. Que sepan que pocos lo han conseguido. Yo he conocido únicamente a tres personas que me superan en permanencia, nada más. Sumadle a ello que durante 1 año trabajé los fines de semana en la oficina del hostel.
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Este soy yo con uno de mis discos en la mano |
La noticia es que me voy. Dejo el Magandhi Hostel. Para muchas de mis amistades un cuchitril inmundo inhabitable. Tienen razón. Hay que poner en la balanza muchas cosas; está en un buen barrio, tranquilo y lindo, pero está mal situado. A más de diez cuadras de la línea D o B del subte, tiene en cambio dos paradas de tren cerca, la de Coghlan y la de Belgrano R, y cuatro líneas de autobús en la puerta; la 133, 114, 19, 76. Una estación de servicio en frente, un par de supermercados, restaurantes con servicio a domicilio, y demás. Me gusta el barrio y la gente. La casa está muy deteriorada y vieja. Por fuera es linda, pero por dentro no tanto. Las condiciones dentro son bastante malas. La gente suele estar de paso, y hay de todo, desde gente estupenda, hasta “piezas” rechazados de otros sitios que van a parar al hostel. Encontré mi espacio y me acomodé, no sé bien cómo, y mi capacidad de adaptación hizo el resto. Cuando mi madre lo vio se llevó las manos a la cabeza y se le cayó el alma al piso. El sitio simboliza mucho para mí porque llegué directamente a él, y cuando te encuentras con una ciudad dura y complicada como Baires, tener un lugar donde cobijarte siempre está bueno.
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Preciosa como siempre, contenta con su ramo de rosas. Bonita! |
La cuestión es que después de muchas idas y venidas lo abandono. Ahora sí. La ocasión la pintan calva que diríamos en nuestro país. Me voy a vivir con Laura. Sí, lo sé, se acumulan las noticias importantes y los cambios. Supongo que quien me conoce está sobre aviso ya que toda mi vida se ha caracterizado por los cambios. Éste, de todos modos, puede sorprender más. Celebraré los seis meses de pareja en el nuevo piso. Me pesa que sea de su propiedad, porque en estas cosas uno siempre quiere ir a medias, ya sabéis, sentir que estáis en igualdad de condiciones, pero también es verdad que si tiene la suerte de tener un piso propio sería estúpido que no lo aprovechásemos. Para ella también será un gran paso. Se independiza por vez primera de la casa de sus padres y lo hace conmigo. Eso lo valoro muchísimo. Es algo que me llena de felicidad. Reconozco que acepto el reto y propongo dar lo mejor de mí mismo. Llevamos un mes conviviendo y lo cierto es que no puedo estar más contento. El piso es nuevo, y habrá que ir llenándolo de a poco, decorándolo y demás, pero me parece muy bonito hacer eso juntos. Económicamente nos vendrá genial a los dos, nos da un refugio, un lugar para estar juntos a solas, y escribir nuestra historia.
No es la primera vez que convivo con una pareja. Es la segunda. La primera vez fue maravillosa, esa es la verdad. Aprendí mucho de aquello. Lo recuerdo como algo muy positivo y me fue muy bien. Creo que fue un gran paso en la relación y espero que esta vez sea igual o mejor aún. Me daba un poco de respeto dar el paso, pero estoy muy motivado con ello. Viví con Natalia cuando tenía 25 años. Luego ella se fue a Londres y el resto de la historia ya es de sobra conocida. No me voy a aventurar a hablar sobre cómo espero que sucedan las cosas, sólo diré que soy feliz con Laura, que estoy convencido de esto, que me siento muy querido, y que lo compensaré con lo mejor de mí. El barrio de Balvanera me espera. No es un barrio que me guste, pero es algo que se ha dado así y que no hemos decidido. Le encontraremos sus ventajas, fijo que sí. Vivir con tu novia es otro mundo, lleva las cosas a otra dimensión. Soy muy fan de eso. Descubrir a la otra persona en su zona de comodidad, en su barrio, en su casa, con su rutina. Compartir el baño, el sofá, la cama, la mesa. Los silencios en los que no se dice nada, y los silencios en los que se dice todo. Observar a la otra persona y olvidarte por un momento de lo que hay más allá de la puerta y de la ventana. Siento que me tiene atrapado. ¡Manos arriba, muñeca! Yo también siento que la cacé. Y ahí vamos.
Sé que vivir en otro lugar en la ciudad me dará otro enfoque, cambiará muchas cosas del día a día, y me apetece enormemente tener otra experiencia aquí sin ser en el hostel. Me da la sensación también de progresión, de avance, de madurez. En Madrid había vivido dos años en el C.M.U.Chaminade antes de pasar a vivir en el barrio de Moncloa-Argüelles con David Barros, Rafa Santodomingo e Israel Carrazoni, y ambas experiencias fueron muy enriquecedoras. Recuerdo todos esos años como años muy positivos para mí y muy bien diferenciados unos de los otros. Creo que ahí radica la riqueza, no dejar de exprimir cada etapa, cada momento, cada situación. Estoy convencido que vivir con Laura me traerá muchos nuevos conocimientos y que llevará nuestra relación muchísimo más lejos. No le tengan miedo a vivir con sus parejas, en serio, no muerde. Si las cosas no funcionan cada uno por su lado y tan amigos, y ahí te queda el recuerdo y lo compartido, pero sin duda, estoy convencido que uno tiene mucho más que ganar que lo que puede perder. En mi caso personal al menos, no recuerdo un solo año en el que haya vivido a disgusto en un sitio o en el que haya terminado mal con la gente con la que compartía casa. Pienso que vivir conmigo es relativamente sencillo y que la gente se lo suele pasar bien conmigo, aunque tiendo a encerrarme mucho en mi mundo y a mantenerme muy desconectado de lo que sucede fuera de mis cuatro paredes. Introversión artística… ponele.
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De izq. a der. : Fer, Angie, Daniela, Pato, y yo. |
[próximamente siguientes partes de este capítulo. para leer todo el diario, puedes seguirlo a través de la etiqueta "personal" en la columna de la derecha de este blog]
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