En Madrid a martes 31 de mayo de 2005
IVÁN FERREIRO Y QUIQUE GONZÁLEZ
Tenía que encontrar la forma de rendirles un homenaje, y quizás esta no es la mejor ni la más honrosa de las formas que tenía de hacerlo, pero sí la más espontánea y honesta. Gracias a gente como ellos aún me da la impresión de que no voy tan a tientas como a veces creo ir. Son gente de principios. En el caso de Quique lo sé de primera mano. A Iván no lo conozco personalmente pero destila en sus apariciones públicas, conciertos, y letras, que sabe de dónde viene, que se conoce bien, y que no tiene miedo en reconocer a dónde quiere llegar. Ambos coinciden en muchos puntos, pero subrayo uno en concreto, ambos trascienden más allá de sí mismos. Logran llegar al otro lado sólo con su música y eso lo es todo. A ver si resulta que al final lo único verdaderamente importante en el mundo de la música es la música.
Iván, en su último disco le canta a la playa que ve desde la ventana de su casa, y a su mujer, a la que reconoce pusilánime su amor. Canta inevitables desesperanzas políticas, en un tiempo de mentiras y falsedad, trata de no dejar en el olvido el dolor de unas víctimas injustas de unas guerras injustas. Y todo te lo dice ecléctico, sin inmutarse, porque disfruta con lo que hace quizás porque es de los pocos a los que no les importa hacer lo que quiere. Cada vez que le escucho me da la impresión de que hay alguien cantando canciones de verdad, y tal como están las cosas hasta se echaba en falta eso. ¡Suerte colega!
Quique se había convertido en una referencia para mí del día para la mañana. Mi amigo J.Pestuzo me enseñó una canción de él, y me compré toda su discografía. Bueno, miento, el último me lo regaló luego de que yo le pasase “Turno de noche”, y por una vez he de admitir que salí ganando con el cambio. Y es que Quique es un manual de principios. Es la base. “¡A por la canción!”- me dijo, y ahora todo ha cobrado otro significado. Me di cuenta de que las canciones están ahí, alrededor de todos nosotros, en mis amigos, en mi día a día, en la calle, en los libros, y en otras canciones. Todavía se emociona con lo que hace ¡Caray, he visto a grupos de noveles que sentían menos lo que hacían que él! Es auténtico y es persona, no se amilana ante una industria que le usó como a cualquier otro. Cualquier otro abandona, pero él no. Y seguramente no lo hace porque no puede. Porque escucha un disco de Bob Dylan y no puede reprimir lo mucho que le gusta la música. No sólo es que haya empezado desde abajo, si no que de ahí no quiere moverse. Tiene principios. Quizás eso es lo primero que hay que tener en la vida, aunque no lo único, también hay que tener ese otro gran valor que tiene, valentía, valentía para defenderlos. Es posible que nunca se mueva de ahí abajo porque ya ha triunfado, se lo he notado, no busca nada más porque ha conseguido lo más importante, transmite. Ha sabido cuidar de sus amigos como el que más, ha demostrado con sus hechos lo que decía con sus palabras.
Me has enseñado mucho amigo, y siempre te estaré agradecido. Y te parafraseo: Bajo la lluvia crece la hierba y aunque tú no lo sepas por caminos estrechos los pájaros mojados de la ciudad del viento piden permiso para aterrizar en el rompeolas, en las avenidas de tu corazón, o en el hotel los ángeles, y superman, britney o justin, se equivocaban contigo, porque de haberlo sabido, dirían: “todo lo demás no importa”. ¡Voy a por la canción!
Gracias a los dos por demostrar que detrás de la música hay personas que hacen canciones para ti y para mí, canciones del tiempo y de la distancia.
Samuel Leví



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