Buenos Aires, 10 de enero de 2013
[...continuamos donde lo habíamos dejado el otro día. si quieres leer más capítulos de este diario, los encontrarás en la etiqueta "personal" de la columna derecha]
Entramos en un nuevo año. ¡Bienvenido 2013! Uno mira hacia delante y hacia atrás. Son días de muchos sentimientos encontrados, de sensaciones contradictorias. Piensas en cómo ha sido tu último año y piensas en cómo te gustaría que fuese el que recién inauguras, y mi lado nostálgico se acuerda de otros fines de año, de momentos que viven pegados a mí, y que sé que posiblemente nadie más rememora, porque padezco del síndrome de peter pan en toda su magnitud. Los finales de año empezaron a tener más gracia cuando salía de casa, cuando empecé a ir a fiestas, y cuándo comencé a reunirme con amigos. Apenas recuerdo los finales de año de mi niñez. Sé que los pasaba con mi madre, y sé que no solíamos juntarnos con mucha más gente… a veces con mi tia y mis primos, a veces con mi tio y mis primos, a veces los abuelos, a veces solos. Recuerdo que con 14-15 años empezaron a salir de noche casi todos mis amigos, y recuerdo que así se entró de lleno en la famosa “fiesta de fin de año”, en una sala de fiestas enorme, o una gran discoteca, con miles de adolescentes bailando los temas de moda, bebiendo hasta olvidar su nombre, y deambulando por las calles pasando frío a las ocho o nueve de la mañana en la búsqueda y captura de un taxi que los llevase a casa, previo paso por algún café que les sirviese el clásico “chocolate con churros”, cuando todo ello no se veía interrumpido por algún padre/madre que pasaba a recogerlos, para lo cual era necesario desde cierto y prudencial tiempo de antelación, prepararse para el encuentro con sus progenitores, lo que conllevaba dejar de beber y tratar de mantener cierta compostura, si eso era posible. Omití mencionar la previa. Con los años se fue extendiendo entre el público femenino, el prepararse a conciencia para esta cita; más allá de la compra de un vestido que en muchas ocasiones sólo era usado para la ocasión, sin que tuviese más protagonismo en el resto del año, y pasando a formar parte del fondo de armario de la adolescente, también era frecuente la cita con la peluquera, y más que posible, la cita con el solárium. Hay más cosas, que seguro que no sé, y la verdad, prefiero no enterarme. A medida que se hicieron mayores, mis amigas dejaron de preocuparse de todo esto, y la fiesta de fin de año pasó de ser importante, a perder su encanto, las grandes superficies dejaron paso a locales más pequeños, e incluso a la organización de fiestas particulares, en casas o en locales alquilados para la ocasión.
Yo el primer año en el que salieron todos mis amigos, simplemente no fui. Me parecía muy caro, y no me convenció el plan. Sé que otro año me quedé en la puerta de los locales porque me negaba a vestir de traje; no tenía y no quería ponérmelo. Un acto de rebeldía. Por aquel entonces tenía muchos de estos. Hubo un año que recuerdo con especial cariño en el que mis mejores amigos, -y sus padres- se pusieron de acuerdo para que participase. Entre Borja y David Barros, colaboraron para conseguirme la entrada, el traje, y de paso la cena. Así no tuve que quedarme solo. Esas cosas las recuerdas luego siempre. Tenía 16 años. Luego llegaría el día en el que me compré un smoquin, y ahí sigue, es esa prenda que con un poco de suerte te queda para toda la vida, si eres lo suficientemente hábil de comprarte una un par de tallas más grande, calculando que aún crecerás… ojo clínico de madre. Hubo varias anécdotas de aquellos años que recuerdo bien; el año que le vi una teta a una de las chicas más deseadas por todo el colegio (por el tamaño de sus pechos) y que creo que fue oficialmente la primera vez que le vi el pecho a una chica de mi edad; la fiesta que terminé componiendo “Aunque no deba” (que luego se convertiría en la canción que inauguró mi primer disco “Turno de noche”); aquella en la que besé a la chica que me gustaba y en un ataque de romanticismo le solté una estrofa de la canción “La gota de rocío” de Silvio Rodríguez;… Y los años pasaron y como decía antes se fue diluyendo la emoción por esta noche… Recuerdo con 23 años pasarla junto a Rafa Santodomingo en las playas del este de La Habana, bañándonos en el Caribe, y yendo a una fiesta internacional acompañados por dos viajeras la mar de simpáticas. Recuerdo las que pasé con Natalia (de esas me acuerdo de todas…); en Vigo la noche que cayó enferma, en Málaga junto a sus amigas,… Recuerdo la fiesta portuguesa/brasileña en la que caímos sin darnos cuenta con Rafa, Israel, y David. Y ahora… ahora llevo dos años celebrando el fin de año en pleno verano, en casa de amigos argentinos, primero fue Tommy Leone, y ahora ha sido Nico Mastellone. Gente amable y afectuosa que me ha abierto las puertas de su vida y de su casa, y me ha hecho sentir uno más. Muy agradecido por todo.


Voy a prometerme algo; no dejar de perseguir mis sueños, y seguir siendo consecuente con mis ideas, mis valores y mis principios.
[las fotos están sacadas con el móvil de mi amigo Nico Mastellone en uno de nuestros últimos conciertos]
[los próximos dos meses estaré de viaje, de conciertos,... luego volveré por aquí y os lo contaré. ¡Hasta entonces, feliz verano!]
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