11.- Calma chicha (parte II de II)
Buenos Aires, 16 de diciembre de 2012
De adolescente mis amigos/as siempre me decían que cuando las cosas fuesen bien les llevase conmigo. Y si, los/as quiero conmigo. Ojalá pueda reclutar a un buen puñado de amigos/as para trabajar juntos. Eso es algo maravilloso que la música permite y quizás otras profesiones no tanto; puedes hacer partícipes a tus amistades. A veces me siento un poco descuidado con los amigos, como si sintiese que no estoy encima de ellos todo lo que debiera. Siempre pasé mucho tiempo con mis amistades. Solía llamar a todos después de clase. Conocía de sobra dónde vivían y llamaba al timbre para preguntar si estaban y visitarles. El típico amigo que aparece por sorpresa, vaya. En ese sentido mi madre siempre me acusó de “perder demasiado tiempo con los amigos”. Pero ellos han sido la familia que de algún modo me faltó. Nunca busqué ser el líder, el más popular ni nada por el estilo, posiblemente sólo compañía, afecto. Esa carencia creo que sé de dónde viene… Organizaba conciertos, reuniones, fiestas, encuentros,… trataba de hacer planes para que estuviésemos todos juntos. No podía tener sólo una pandilla. Siempre tenía que estar con todos. Recuerdo una época en la que me sentía agobiado porque sabía demasiados “secretos” de demasiada gente, y claro, temía decir algo que no debía en un momento inoportuno, o confesar algo de forma imprudente. Sentía que los demás confiaban en mí, y ganarme su respeto, y su valoración me llenaba porque de alguna forma consideraba que estaba siendo bueno con los demás, y de ese modo, la vida me recompensaría de alguna manera.
Aún me sigo sintiendo un poco mal por no poder dedicarles el tiempo que creo que merecen. Me encantaría poder hablar de seguido con todos, demostrarles más que me preocupo por ellos, que estoy a su lado, que pueden contar conmigo… pero luego me doy cuenta que por mucho esfuerzo que haga es imposible. Mis amigos saben bien donde estoy, y qué significan para mí. Las cosas se demuestran con hechos más que con palabras, y la vida continúa, conoces gente nueva cada día, creas nuevas relaciones, etc. Ya no es como cuando éramos más pequeños que tus amigos vivían todos en tu ciudad, y no era necesario ni llamarlos porque te los cruzabas en la calle, en el instituto, o en el bar al que todos solíais ir. Ahora no. Ahora aprecias ese día en el que por suerte podéis encontraros tres o cuatro en un mismo sitio, haciendo hueco en la respectiva agenda de cada uno, para poneros un poco al día. Siendo sinceros… hace 16 meses que no veo a ningún amigo, es más, en todo este tiempo, sólo he visto a un colega que casualmente estaba dando la vuelta al mundo, y por eso me lo crucé. Eso marca. No sé aún de qué modo. Imagino que me daré cuenta con el tiempo. Me sirve también como ejemplo de que una vivencia como esta, te desarrolla mucho en el plano personal, ya que te expone a situaciones a las que no estás habituado, te enfrentas a verte solo, a no saber bien cómo actuar, porque la gente que te rodea no te conoce, ni tú a ellos, y tienen maneras de ver las cosas distintas a las tuyas, no sólo a nivel cultural, sino en la propia idiosincrasia de la sociedad, porque por mucho que puedas intentar emparentar la sociedad española con la argentina, y aún teniendo ciertos puntos de contacto, luego cada una tiene su propia naturaleza.
Ahora me resultaría raro volver. Me sentiría como si me encerrasen una tarde en una habitación vacía. Me explico. Aquí siento que estoy haciendo algo, que cada día doy un pequeño paso, y encima, me da la impresión de que en cualquier momento puede abrirse una puerta. Seguramente no suceda nada, pero es lo que tienen las ciudades grandes, te hacen creer que sí. Todo es nuevo para mí. No paro de tomar apuntes, notas, referencias. Eso luego irá de un modo u otro en mi próximo álbum. En mi ciudad llamé a todas las puertas, hice todo cuanto se me ocurrió, quemé todas las naves. Quiero volver para hacer un nuevo trabajo, emprender una nueva aventura, y creo que no es el momento aún. No está el panorama nada alentador, a pesar de que este tampoco sea el mejor lugar para esconderse de una crisis, porque… ¡Ya me contarás!, pero creo que uno se da cuenta de esas cosas, sabe cuándo es el momento. Volverme sería sentirme atrapado. Disfruté mucho de cada cosa que hice en Vigo en mi última etapa allí, y tengo ganas de reencontrarme con mi gente y mi ciudad, pero siento que aún no he sacado todo lo que puedo obtener de esta inmensa ciudad de Buenos Aires.

No quiero adelantar acontecimientos, no vaya a ser que luego no se realicen, pero de entrada iré un par de semanas a Mar de Plata, costa argentina. Fiesta. Hemos formado un grupo de ocho personas, todos músicos, chicos y chicas, y queremos asaltar la costa. Tocar por el día donde sea y como sea, y amenizar las noches en terrazas, restaurantes y pubs, con canciones de todos nosotros, versiones y demás. Alguna vez habré soñado con algo así. Ni os imagináis lo emocionados que estamos con la idea. Es lo que más me puede apetecer en este momento.
También es posible, que salgan algunas fechas de conciertos, que colabore con otros artistas, etc. Estoy abierto a todo cuanto pueda suceder. Serán dos meses lúdicos, dos meses de refrescarse, de sanación. Me apetece incluso hacer el gamberro, que ya me he portado bastante bien últimamente. La reunión con mi presidenta particular, Doña Rosa, servirá para que ambos nos aconsejemos y nos contemos las ideas de futuro, ella recién jubilada y con todo el tiempo del mundo para emprender nuevos retos, y yo en medio de un viaje hacia ni se sabe, y que sólo terminará cuando la salud no acompañe.
¡Hasta la próxima!
PD.- Os dejo un interesante y didáctico video que creo que ilustra bien la idea de este capítulo. Se titula: “¿Te atreves a soñar?”
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